20/11/09

BESO ROBADO


Durante mucho tiempo de cruzar miradas comprometidas, guiños de complicidad acompañados de sonrisas y miradas delatoras, me robaste el alma. Una historia futura que pudo ser. ¿Por qué aquel día, tan esperado por ambos, nuestros labios se cruzaron en un beso a escondidas del mundo? ¿Qué había que ocultar, si la pasión era sincera? Después de esa miel, que me dejaste en los labios, desapareciste para siempre. ¿Por qué me robaste aquel beso?

16/9/09

HOY HE LLORADO:


Quién es el guardián de mis sentimientos, quién es el policía de mis emociones, quién el juez de mi destino;
por qué se me juzga de ladrón cuando no conozco la pasión.

Hoy he llorado, sí, llorado y pensado mil formas de terminar con esta amarga existencia.

Dios sabe que he luchado con todas mis fuerzas por tener algo a lo que aferrarme.
Se empeñan en dirigir una vida que no les pertenecen, ¿por qué?, ¿Por qué?
Qué ganan con privarme de mi libre albedrío.

Quiero ser libre, como la gota de lluvia que se lanza al vacío;
como la mariposa libre de su prisión de seda.
No pido tanto, tan sólo la libertad que se me niega.

EL CIELO:


No quiero mirar el cielo porque temo que mi alma quiera marchar;
ese alma que ansía su libertad perdida.
Al mirar el cielo soy consciente de las cadenas que me atan
como un yugo opresor a este miserable mundo.
Sí, he sido consciente de mi prisión, he roto esas cadenas y mirado al cielo; ya no lo temo.
Y mi alma feliz marcha hacia él.

LA JAULA:


Jaula de oro barrotes de plata
en su interior se encarcela un alma.
Dueño de lo material privado de lo sentimental.
Jaula de oro barrotes de plata
en su interior se halla prisionero un corazón.
Un corazón y un alma cautivos que se le niega la vida.
Jaula de oro barrotes de plata.
Atrapado en su interior ve pasar la vida ante sus ojos
sin poder acariciarla con su aliento.
Jaula de oro, lagrimas;
barrote de plata, lagrimas;
el único sentimiento que escapó a la prisión.

LA PRISIÓN CORAZÓN:


Un relámpago de sentimientos ahogan mi corazón.
Están presos y cautivos con cadenas
como si fuese una prisión.
Los delitos cometidos:
sentir el amor prohibido.

Un relámpago de sentimientos ahogan mi corazón.
¡No pueden salir!, ¡no deben salir!
Los sentimientos, contrarios y disfrazados de razón,
como guardianes de la prisión,
jamás lo permitirán.

Qué dirían los jueces del exterior
ante un amor ajeno y contrario
al que nunca entenderán.
¡Un relámpago de sentimientos ahogan mi corazón... prisión!

TORMENTA:


Mi alma ha sido arrancada del árbol de la vida
por una tormenta carente de sentimientos que es el destino.
Es herida y atravesada constantemente por violentos rayos.
Rayos fríos como el hielo, que no dudan en lacerar mi débil corazón.

Mis ojos son nubes oscuras,
mi llanto la impetuosa lluvia,
el trueno mi grito de dolor.

Mi alma, cual hoja impulsada por el viento,
es siempre golpeada, una y otra vez,
contra el duro y afilado tronco de la vida.

Mis ojos son nubes oscuras,
mi llanto la impetuosa lluvia,
el trueno mi grito de dolor.

El mundo, como el árbol, no lucha y se mantiene mudo ante la pérdida
de una insignificante hoja;
una hoja que grita por sus sentimientos.

Mis ojos son nubes oscuras,
mi llanto la impetuosa lluvia,
el trueno mi grito de dolor.

LA ROSA:


Dentro de mi jaula, fría y solitaria, mi vida trascurría.
Con el paso del tiempo se iban marchitando los mejores años de mi existencia
para nunca regresar; una existencia insulsa y anodina, quizás la peor de las pesadillas.

Dentro de la jaula divisaba un mundo en movimiento, maravilloso y variopinto, del que jamás podría ser partícipe. Todo me parecía hermoso: el Sol, el aire, el viento; incluso el sonido perfecto del agua. ¡Dios que maravilla la creación!, pero luego volvía a ver los barrotes de mi jaula. La tristeza regresaba.

Un día inconcreto, ahora perdido en las inmensas brumas del tiempo, pero que sigue martirizando todos mis presentes, creía encontrar la esperanza que tanto anhelaba. Dentro de mi jaula, sin saber cómo ni por qué motivo, apareció una flor. La creación más perfecta del universo: la Rosa.

Por unos instantes me sentí dichoso, feliz y pletórico. Cada instante, una eternidad, la contemplaba, mimaba con todas mis fuerzas y por fin supe lo que era una sonrisa. Mi universo estaba, ahora, completo, y la jaula ya no me importaba. Cada noche deseaba con fuerzas que la luz del siguiente día volviera a renacer para contemplarla.

Pero el destino es traicionero, perverso y malvado. Cogí la Rosa, la abracé con amor y ternura, empapándola con mis sentimientos de cariño, y ella me correspondió atravesándome el corazón con sus innumerables púas, tan duras y afiladas como el frío puñal.

Dentro de mi jaula, fría y solitaria, cada día que trascurre sigo pensando en esa flor, pues cada intento por olvidarla es en vano. ¡Cruel destino!